martes, 18 de marzo de 2014

V ESTACIÓN: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO


En la vida tenemos dos opciones: implicarnos con la realidad que tenemos a nuestro alrededor o ser indiferentes. El Cireneo se implicó con Jesús y le ayudó. Y Jesús, se deja ayudar. Ambos son signos de amor. El servicio y el amor van de la mano: “En todo amar y servir”.
En el camino de la Cuaresma,  tenemos el horizonte de la Pascua, de la llegada de la celebración de esos días  que dan sentido a nuestra fe y a nuestra forma de vivir la vida.
Esa vida, que es un regalo de mucho valor, y que no podemos desperdiciar. Ante nosotros, tenemos, cada día, un día más para hacer que cuente, para cambiar nuestra trayectoria y enfocarnos en lo que realmente importa: el amor a los demás y el amor a Dios.
Una forma de demostrar ese amor es dedicando nuestra vida al servicio de los demás. De los que tenemos más cerca, en nuestro día a día, actuando con amor, estando atentos a las necesidades de nuestros familiares, de nuestros amigos, de nuestros compañeros de estudio o de trabajo, de nuestros vecinos...y cuidándonos unos a otros. Porque todo ese trabajo de cuidados diario, que entra dentro de la burbuja de lo gratuito y de lo invisible, es imprescindible para el desarrollo de la vida y para la sostenibilidad de la misma. Y ya que gratis la hemos recibido, podemos contribuir a su desarrollo también de forma gratuita. Hay un término que he aprendido hace poco, es el de la “energía amorosa”, la energía de los cuidados del día a día que mueve el mundo, la energía que pido a Dios que mueva mi mundo.
Otra forma de dedicar nuestra vida al servicio de los demás es implicarnos con las realidades de los que están más lejos, no ser indiferentes, sino personas activas, responsables y comprometidas, que participan en propuestas de cambio para lograr un mundo más justo.  Si nos sentimos llamados a realizar una labor humanitaria, un voluntariado o a colaborar con proyectos en nuestro entorno o en otra parte del mundo que pretendan reducir la injusticia social, podemos convertirnos también en Cireneos. Al conocer realidades muy distintas a las mías, he aprendido que al ponerme a la altura de los más pequeños, es más fácil sentir el amor de Dios y poder transmitirlo a los demás.
Y Jesús se dejó ayudar. Y Él sirve de ejemplo también para cuando nos sentimos autosuficientes  y no dejamos que el otro nos eche una mano. O para cuando vamos a colaborar con un proyecto pensando que vamos a “salvar” a los “más necesitados”. Y es que hay algo común a todo ser humano que tenemos que desarrollar: nuestra capacidad para dar y recibir, para ayudar y dejarnos ayudar, para amar y dejarnos amar, nuestra capacidad para compartir VIDA.
“En todo amar y servir”; siendo consciente de que estos dos verbos dan sentido a mi vida y del gran regalo que recibo cada día, solo puedo ser feliz y vivir de forma agradecida.
Diana García, CVX en Salamanca

1 comentario:

Paloma Rodriguez dijo...

Precioso. Quiero recalcar lo importante que es también el dejarse ayudar, a veces enfocamos demasiado nuestra mirada en ayudar, eso nos hace sentir bien, sentirnos "héroes", buenos, imágenes de Jesús... pero no debemos olvidar esa otra parte que nos hace ser humildes admitiendo la ayuda y sintiéndonos necesitados y nos permite ser agradecidos al otro. Es duro, porque ahí es donde nuestro orgullo nos puede, "bajarnos a pedir ayuda, a que vean nuestra debilidad...", difícil.
Estoy muy agradecida a esta sección que en cada publicación abre mis ojos en algún aspecto.