Las tareas se acumulan cuando llega el frío y da la impresión de que la vida nos come. Parece que, con la nieve que cubre los rincones en los que disfrutábamos en verano, se esconden las ilusiones y la vida se vuelve monótona y rutinaria.
Sin embargo, aún en estos días fríos y grises, bajo la nieve se amontonan recuerdos, vivencias y certezas. Bajo el hielo que a veces nos cubre, hay un calor que nos da esperanza. No en vano, alguien me contó una vez que había visto como la nieve ardía.
DCUESTA SJ, en Pastoralsj

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